Los hogares que viven en la pobreza extrema enfrentan una amplia gama de desafíos que limitan su capacidad para realizar inversiones productivas o hacer frente a impactos impredecibles, como sequías o enfermedades. Los programas de inclusión productiva combinan transferencias de efectivo con capacitaciones y otro tipo de apoyo para aumentar los ingresos de los hogares y, al mismo tiempo, ayudar a los hogares a resistir y recuperarse de las crisis. Sin embargo, se sabe poco sobre el impacto de las intervenciones productivas cuando se implementan a escala dentro de los sistemas nacionales de redes de seguridad, o sobre la combinación óptima de intervenciones. En asociación con los gobiernos de los países y el Banco Mundial, el equipo de investigación ha estado evaluando cómo los diferentes paquetes productivos impactan en el bienestar y la estabilidad económica de los beneficiarios de la red de seguridad en Burkina Faso, Mauritania, Níger y Senegal. En Níger, un programa de inclusión económica multifacético entregado a mujeres beneficiarias de un programa nacional de transferencia de efectivo mejoró el consumo y la seguridad alimentaria de las mujeres, incrementó sus actividades comerciales no agrícolas y mejoró su bienestar psicosocial.